El problema es que usan luz visible y la luz visible está formada por fotones, unas diminutas partículas que no podemos ver y que son demasiado energéticas para mirar los detalles de las cosas más pequeñas. En 1930 se inventó un microscopio que no usaba fotones de luz sino electrones y se le llamó, lógicamente, microscopio electrónico.
La ventaja de los electrones es que tienen menos energía que los fotones de luz visible, por lo que cuando impactan con el objeto que queremos ver apenas lo alteran. Son, por así decirlo, más suaves y delicados. Gracias a eso se consiguen aumentos espectaculares, hasta 2 000 000.
El de la foto es un microscopio electrónico.
Mide unos 2 m de alto.
Y claro, con semejante capacidad las imágenes son espectaculares:
Una hormiga sosteniendo un pequeño microchip.
Superficie de un microchip (los colores son falsos)
Nacimiento de las pestañas (colores falsos)
Velcro
Cabeza de un mosquito común
Y si os gusta, hay una página que tiene una foto por microscopio electrónico muy ampliada, del embrión de un pez cebra.

Si pincháis en este enlace iréis hasta la foto original. Se puede ampliar y ampliar, podéis moveros de una parte a la otra. ¡Llega a verse el núcleo de las céculas!












