No sabemos vivir sin plástico. Mi botella de agua es de plástico, mi ordenador, en gran parte, también, mi casa
está llena de bolsas, perchas, zapatos, botes, tuppers… La verdad es que es muy útil. Los plásticos son
polímeros artificiales (están formados por la unión de muchas
moléculas pequeñas). Son baratos y se usan para casi todo. Se les puede dar la forma que queramos, pesan poco, normalmente son impermeables y aislantes (de la
humedad, de la electricidad, de la temperatura…). Pero una de sus mayores ventajas es
también su principal inconveniente: no
son biodegradables. Esto viene bien si queremos guardar un alimento
durante mucho tiempo sin que se estropee el recipiente, pero se convierte en un
problema muy grande cuando el recipiente se tira. Los plásticos tardan, en
el mejor de los casos, más de 100 años en degradarse completamente en el medio
ambiente. Algunos más de 500.
Gran parte de estos
desechos no se quedan en vertederos sino que terminan en el mar.
Allí se ven arrastrados por las corrientes
marinas.
El agua se mueve en los
mares de forma que arrastra todos los residuos, lenta pero inexorablemente, hacia ciertos puntos del océano. Hay 5 grandes puntos de confluencia. Pues
bien, en dos de ellos, el del Atlántico Norte y el del Pacífico Norte, se han
encontrado dos grandes islas flotantes de plástico. Se dice que la del Pacífico tiene una superficie
que triplica la de toda España.
Mucha gente conoce el
peligro que suponen para los animales marinos las anillas que
sujetan las latas de refresco. Hay animales que se alimentan de medusas y pueden
confundir una bolsa de plástico con una de ellas, comérsela, y morir poco después.
El desastre de
Midway
La Isla Midway, en el Pacífico norte, está a más de 3000km del
continente más cercano, pero muy cerca de la isla de plástico. Chris
Jordan lleva años fotografiando cómo las crías
de albatros mueren por comerse trozos de plástico que sus padres les
llevan como alimento.
Así que ya sabéis, los plásticos al contenedor amarillo.












