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lunes, 11 de marzo de 2013

Las islas de plástico


No sabemos vivir sin plástico. Mi botella de agua es de plástico, mi ordenador, en gran parte, también, mi casa está llena de bolsas, perchas, zapatos, botes, tuppers… La verdad es que es muy útil. Los plásticos son polímeros artificiales (están formados por la unión de muchas moléculas pequeñas). Son baratos y se usan para casi todo. Se les puede dar la forma que queramos, pesan poco, normalmente son impermeables y aislantes (de la humedad, de la electricidad, de la temperatura…). Pero una de sus mayores ventajas es también su principal inconveniente: no son biodegradables. Esto viene bien si queremos guardar un alimento durante mucho tiempo sin que se estropee el recipiente, pero se convierte en un problema muy grande cuando el recipiente se tira. Los plásticos tardan, en el mejor de los casos, más de 100 años en degradarse completamente en el medio ambiente. Algunos más de 500.

Gran parte de estos desechos no se quedan en vertederos sino que terminan en el mar. Allí se ven arrastrados por las corrientes marinas.


El agua se mueve en los mares de forma que arrastra todos los residuos, lenta pero inexorablemente, hacia ciertos puntos del océano. Hay 5 grandes puntos de confluencia. Pues bien, en dos de ellos, el del Atlántico Norte y el del Pacífico Norte, se han encontrado dos grandes islas flotantes de plástico. Se dice que la del Pacífico tiene una superficie que triplica la de toda España.



Mucha gente conoce el peligro que suponen para los animales marinos las anillas que sujetan las latas de refresco. Hay animales que se alimentan de medusas y pueden confundir una bolsa de plástico con una de ellas,  comérsela, y morir poco después.


El desastre de Midway

La Isla Midway, en el Pacífico norte, está a más de 3000km del continente más cercano, pero muy cerca de la isla de plástico. Chris Jordan lleva años fotografiando cómo las crías de albatros mueren por comerse trozos de plástico que sus padres les llevan como alimento.




Así que ya sabéis, los plásticos al contenedor amarillo.


Esta entrada es un resumen de la publicada en eciencia.com, el 13 de septiembre de 2012.

lunes, 8 de octubre de 2012

Caminando sobre los árboles

En el valle de los Gigantes, en Australia, hay una atracción turística a la que llaman Tree Top Walk (Paseo por las copas de los árboles). Son unas pasarelas metálicas elevadas (hasta a 36m de altura) que permiten pasar entre las copas de eucaliptos gigantes, unos árboles que sólo existen en esa región:




Por allí dicen que construyeron las pasarelas para evitar que la gente pisara el suelo y alterara las condiciones en las que se descompone la materia en él. Como del resultado de esa descomposición se alimentan los árboles a través de sus raíces, decidieron que los turistas harían la visita desde arriba. Bueno, haremos como que nos lo creemos.

Aquí os dejo un vídeo:


lunes, 11 de junio de 2012

El mar de Aral

Hoy el mar de Aral no es más que la sombra de lo que un día fue; no es más que lo que queda de una de las más grandes extensiones de agua dulce del mundo entero.


Situado en Asia Central (entre Kazajistán y Uzbekistán), fue el cuarto mar interior más grande del globo. Llegó a ocupar una extensión casi tan grande como la de Andalucía. En aquel tiempo era un mar de vida. Se llegaban a pescar 40.000 toneladas de peces al año, y los deltas de los ríos que desembocaban en él eran riquísimos en vida.
Pero todo cambió. La Unión Soviética quiso convertirse en el primer exportador de algodón del mundo. En 1960 construyó un canal de 500 km cuya función era tomar gran parte del caudal de los ríos Amu Daria y Sir Daria (que llevaban su agua hasta el mar). Como consecuencia, en el mar de Aral sólo queda actualmente un 10% del agua que había antes de 1960.



La URSS consiguió convertirse en el mayor productor de algodón. Actualmente, Kazajistán y Uzbekistán son los mayores exportadores… todo a costa del tesoro natural del que disponían en aquellos tiempos.
El Aral, además de ser una fuente de alimento y vida, actuaba como regulador del clima. Por ello, su desaparición también ha causado que los inviernos y los veranos lleguen cada vez a temperaturas más extremas.
También tiene consecuencias sobre la salud las personas. La utilización de plaguicidas y fertilizantes en el cultivo del algodón, además de la alta salinidad del agua, suponen un grave peligro para la salud.
Hoy día lo que queda es un paisaje desértico gobernado por abandonados navíos que yacen inmóviles en la superficie de un mar de sombras; barcos que echaron sus anclas al mar de la desesperación en el que han quedado presos por el resto de sus días.



Esta entrada es una pequeña modificación de la publicada en www.hablandodeciencia.com el 8 de abril de 2011.