lunes, 18 de junio de 2012

El inventor de dos desastres

En los años 20 del siglo pasado los motores de los coches tenían apenas 2 décadas de historia y un problema que aquí llamamos “picado de bielas”. Consiste en que la gasolina evaporada en los cilindros a veces explota antes de tiempo y, además de dañar el motor, hace que este traquetee.



Thomas Midgley era un químico e inventor que trabajaba para General Motors. Buscó una solución probando a añadir a la gasolina muchas sustancias distintas. Tuvo éxito con una muy barata que se llama Tetraetilo de plomo. Rápidamente las compañías químicas y petroleras se lanzaron a producirlo a gran escala. Pero resulta que el plomo, en suficiente concentración, produce ceguera, fallos renales, sordera, cáncer, parálisis, convulsiones, alucinaciones… En aquella época esto ya se sabía y por eso llamaron al aditivo “Etilo”, a secas. Creían que en poca cantidad no sería peligroso. O eso decían.

Algunos de los trabajadores de la primera fábrica de Etilo sufrieron desequilibrios mentales. Se negó relación alguna con el plomo. El propio Midgley dio una rueda de prensa en la que intentó convencer a la audiencia de que inhalar vapores de plomo era inofensivo. No convenció a nadie y tuvo que recluirse durante meses para recuperarse.

Por la presión de la opinión pública se mejoraron las medidas de seguridad. Eso salvó a los trabajadores, pero no a la atmósfera. Los tubos de escape de los coches han emitido ingentes cantidades de plomo desde entonces hasta la década de 1990 (¡70 años después!) en que se prohibió el plomo y se sustituyó por otras sustancias menos nocivas.

Lo más curioso del asunto es que Thomas Midgley aprendió la lección y abandonó el estudio de aditivos de la gasolina y se pasó al de gases para circuitos de refrigeración. Encontró una familia de gases que funcionaba realmente bien. Los llamados Cloro Fluoro Carbonos, abreviadamente, CFC. No eran tóxicos y tenían las propiedades físicas perfectas así que se empezaron a usar en todas partes: neveras, congeladores industriales, sprays de desodorantes…
Pero, años después, se descubrió que la capa de ozono estaba adelgazando rápidamete. El ozono O3 es una molécula formada por 3 átomos de oxígeno. Es inestable (afortunadamente porque es muy tóxica), y se encuentra en las capas altas de la atmósfera, donde la radiación solar lo crea a partir del oxígeno del aire. Nos viene genial, porque es un filtro maravilloso de los peligroso rayos ultravioleta. Sin ese filtro es casi seguro que no habría vida en el planeta. Hoy día, en la Antártida, hay un enorme agujero en la capa de ozono. Menos mal que allí no hay casi nadie.

Es cierto que ni Midgley ni ninguno de sus contemporáneos podían saberlo, pero los causantes del agujero de la capa de ozono eran los CFC. Ascendían en la atmósfera hasta llegar al ozono y lo destruían. Desde hace unos 20 años ya no se usan en casi ningún país.

Agujero en la capa de ozono en el polo sur

Midgley contrajo poliomielitis a los 51 años e inventó una máquina que le ayudaba a levantarse de la cama. Un día, por accidente, uno de los cables se le enroscó en el cuello y murió asfixiado. Curioso final para quien inventó dos desastres ecológicos mundiales e, incluso también, el aparato que lo mató.

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