lunes, 16 de abril de 2012

Personajes: Luis Fernández Álvarez

Hoy vamos a conocer a un médico asturiano, persona excepcional, del que se cumplen 75 años de su muerte.

Luis Fernández Álvarez nació en 1853 en Salas. Era el tercer hijo de una familia pobrísima. Después de morir su madre cuando Luis tenía 4 años lo que quedaba de la familia emigró a Madrid. Allí su padre encontró trabajo como bodeguero del infante Francisco de Paula, hijo menor del Rey Carlos IV. El infante hizo que los dos niños más pequeños entraran a estudiar en la Escuela Real.

Pero la desgracia volvió a hacer acto de presencia. Acompañando al infante en un viaje el padre sufrió un accidente y murió. Luis y su hermano tuvieron que dejar la escuela y volvieron a Asturias. Aquí, la pobreza les obligó a emigrar a Cuba. Luis tenía entonces 13 años (hoy estaría en 2º de ESO), pero era un hombre curtido que sabía leer y escribir. En Cuba trabajó como lector de libros en una fábrica de tabacos. Elegía los libros y los leía en voz alta a los empleados mientras éstos liaban los puros.

En Cuba se oía la leyenda de Estados Unidos como la tierra de las oportunidades, y por ella emigró otra vez. Pasó por Florida y acabó en Nueva York. Allí, la gente le llamaba Luis F. Álvarez, y acabó perdiendo el Fernández, para quedarse en Luis Álvarez. En Wikipedia se le encuentra como Luis F. Álvarez.

A los 25 años, trabajando de comerciante se casó con Clementine, de origen alemán, y emigró a California. Allí su gran olfato para los negocios le hizo ganar mucho dinero mientras a la vez estudiaba medicina en la que hoy se llama Universidad de Stanford. Al poco tiempo emigró de nuevo, esta vez a Hawai, lugar que entonces no era como lo conocemos hoy. En las islas había un rey, y para él trabajó como médico durante 20 años. Claro que siguió con sus negocios y agrandando su fortuna.

Cierto día recibió un encargo del rey: tratar de reducir la epidemia de lepra entre la población hawaiana. Se trata de una enfermedad infecciosa, entonces incurable. Los leprosos a menudo perdían miembros y se les agrupaba en barrios para ellos solos, a los que se llamaba leproserías. A punto de entrar en el siglo XX Luis viajó a Estados Unidos y estudió las más modernas técnicas bacteriológicas en la reputadísima Universidad Johns Hopkins. Inventó un revolucionario método de diagnóstico de la lepra, vigente durante décadas, y muchos métodos terapéuticos para la enfermedad. Todo ello le dio fama y honores.


Regresó como médico a Los Ángeles en 1906, y fue nombrado cónsul honorario de España. Murió en 1937, tras una vida de ensueño, a los 84 años.

Tuvo 5 hijos, de los que dos adquirieron gran renombre. En el próximo artículo sobre esta familia hablaremos de uno de ellos, más tarde de su nieto, y más tarde aún de su bisnieto, que, como decía aquél, aún hay más.

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