Cada día, por la mañana, vemos aparecer el Sol en el cielo. Nos llega su luz. Una luz que tarda 8 minutos en viajar desde la estrella hasta nosotros, tras recorrer casi 150 millones de kilómetros. Pero, no sé si os lo habéis preguntado ¿por qué brilla el Sol?
La verdad es que el Sol es un cuerpo celeste bastante sencillo. Es una masa enorme, 300 000 veces la de nuestro planeta, formada por los dos átomos más sencillos del universo, hidrógeno (tres cuartas partes) y helio (más unos pocos elementos más en muy poca cantidad). Como resultado de su descomunal masa, todos sus átomos se ven sometidos a una poderosa gravedad que los atrae hacia el centro. Como consecuencia los átomos del interior están muy apretujados entre sí lo que hace que choquen constantemente unos con otros.
Pero los choques entre átomos de hidrógeno tienen algo especial. Lo lógico sería pensar que, simplemente, rebotarán. Pues ¿sabéis qué? resulta que no siempre. En algunos casos, cuatro átomos de hidrógeno van a formar un equipo. Se juntarán para siempre en un átomo distinto, más pesado: un átomo de helio.
Y pasa algo curioso. En esta fusión de átomos de hidrógeno para formar helio hay algo que no cuadra, y es que un átomo de helio pesa un poquito menos que cuatro átomos de hidrógeno. ¿Y dónde está la masa perdida? Se convierte en energía pura, mediante la ecuación más famosa del mundo: E = m c2. E es la energía en que se convierte una cantidad m minúscula de masa. Pero como esa cantidad minúscula está multiplicada por la velocidad de la luz c (una cantidad enorme) al cuadrado (mucho más enorme aún), E es muy grande aunque m sea muy pequeño.
Vale pero ¿quién se queda esa nueva energía? Gran parte se la queda el átomo de helio que se formó, en forma de movimiento. Vamos, que sale a toda pastilla hasta chocar con otros átomos y transferirles parte de su energía (como las bolas de billar). Esto evita que la gravedad haga que el Sol se aplaste definitivamente a sí mismo. Y otra gran parte de la energía es, simplemente, luz, esa que vemos desde el amanecer hasta la noche, esa que calienta el mundo, que mueve los vientos, que hace crecer las plantas…
Antes de dejarlo os digo un dato curioso. La luz está formada por unos paquetitos llamados fotones. Éstos se crean, como ya hemos visto, en el centro del Sol. Salen disparados hacia fuera pero antes de llegar a la superficie chocan con los átomos presentes y rebotan. Tras alrededor de un mes, consiguen salir, y es cuando podemos verlos, una vez, eso sí, que han recorrido la distancia hasta la Tierra, lo que les lleva 8 minutos.
Esta entrada es una adaptación de la publicando en www.hablandodeciencia.com el 22 de octubre de 2011.



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