martes, 8 de noviembre de 2011

El último pájaro dodo

Isla Mauricio, a 1300km de Madagascar. 1680.

          Allí, algún marinero olvidado, o algún animal que el marinero tuviera como mascota, estaba matando al último de los dodos, una famosa ave no voladora de carácter bobalicón y confiado (dodo significa “tonto” o “lelo”). Como no tenía unas patas briosas se convirtió de inmediato en un objeto bastante irresistible para jóvenes marineros aburridos de permiso en la costa. Millones de años de aislamiento pacífico no la habían preparado para la conducta de los seres humanos.

          No conocemos con exactitud ni siguiera el año en que se produjeron los últimos momentos del último dodo, así que no sabemos qué llegó primero, un mundo que tenía las leyes de Newton u otro que ya no tenía ningún dodo, pero sabemos que las dos cosas sucedieron al mismo tiempo, más o menos. Yo creo que resulta difícil encontrar dos sucesos que ejemplifiquen mejor el carácter divino y criminal del ser humano, una especie capaz de desentrañar los secretos más profundos de los cielos y de precipitar a la extinción, al mismo tiempo y sin ninguna finalidad, a una criatura que no nos había hecho nunca ningún mal. Los dodos eran tan espectacularmente cortos de miras que, según se cuenta, si querías cazar a todos los dodos de una zona no tenías más que coger a uno y hacerle graznar. Todos los demás acudían a ver lo que pasaba.

          El 1755, unos 70 años después de la extinción el director del Museo Ashmoleano de Oxford (Londres) decidió que el dodo disecado que tenían allí se estaba poniendo desagradablemente mohoso y mandó que lo quemasen. Fue una decisión sorprendente ya que por aquel entonces era el único que existía, disecado o no. Un empleado que pasaba por allí se quedó aterrado e intentó salvar al ave de las llamas, pero sólo pudo rescatar la cabeza y parte de una pata.

          Debido a esto y a otras transgresiones del sentido común hoy no estamos muy seguros de cómo era un dodó vivo.

          De “Una breve historia de casi todo”, Bill Bryson

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